Dentro de los principios del Mindfulness nos encontramos con el de no juzgar. Para ello basta con observar, contemplar, sin tomar partido, sin evaluar. Lo que nos está proponiendo el mindfulness es tomar conciencia de la costumbre que tenemos de aprobar o rechazar todo, como si fuera necesario expedirse sobre todas las cosas, hechos y personas.
Si queremos ampliar la conciencia en este sentido, el primer paso es darnos cuenta de cada vez que juzgamos, en menor o mayor medida, con buena o mala voluntad, pero darnos cuenta al fin.
No se trata de poner en práctica una técnica que nos lleve magicamente a aceptar las cosas tal cual son, sino de observar todo lo que ocurre con la mente de un principiante, con sorpresa, con inocencia. Tener la mirada mucho más cerca de la de un científico que de la de un juez.
Cuando ya tenemos una estructura de personalidad y un mundo de normas que nos dice lo que está bien y lo que está mal, cambiar puede resultar incómodo. Cuando ya estamos instalados en una "zona de confort", dónde no sufrimos demasiado ni tampoco disfrutamos, pero "estamos bien", el cambio va a poner en riesgo todo este constructo.
Por eso, el simple hecho de percibir, de abrir la mente, de estar receptivos a lo que pasa sin aprobar, rechazar, evaluar, calificar, señalar, sin acusar al otro, sin sentirnos culpables nosotros, sin poner todo en la balanza del bien y el mal, nos va a quitar un peso importante que acostumbramos a cargar.
Un buen ejercicio es proponerse en un tiempo determinado (un día, dos, o una semana) descubrir alguno de los momentos en que estamos juzgando, a un familiar, a un empleado, a un amigo, y hasta a personas que sólo vemos por tv. No hace falta más que tener un registro de eso que antes pasaba sin darnos cuenta. No hace falta tampoco proponerse un cambio, porque esto va a suceder inevitablemente.