Cuando uno se quiere relajar, recurre a una variada gama de actividades como ser: escuchar música, darse una sesión de masajes, ver una buena película, pasear al aire libre, tomar un baño con sales, ir al sauna, y tantas opciones más que dependen exclusivamente de la personalidad de quien elige.
Cuando lo que se lleva a cabo es una meditación mindfulness, el objetivo no es apelar a una actividad para lograr relajarse sino simplemente (o aparentemente simple) entregarse a la experiencia del momento presente. Este registro del presente al que no estamos acostumbrados, puede llevarnos a un estado de relajación, pero no necesariamente. Podemos estar tristes, alegres, calmos o estresados, no importa el estado, importa estar atentos y tener conciencia de ese estado.
Por ende, la relajación es un estado al que llegamos a través de un medio que utilizamos para ese fin. La meditación no pretende que estemos de un modo determinado, pero sí que seamos conscientes de cómo estamos.
La pretensión de llegar a un estado de relajación a través de la meditación puede llevarnos a aumentar la ansiedad en caso de no alcanzar el alivio buscado.
Mindfulness es conciencia plena, es vivir el momento presente con totalidad. Ser testigos de lo que ocurre sin intervenir para modificarlo nos ayudará a vivir las cosas cotidianas con mayor aceptación, receptivos, atentos, y sin esa sensación permanente de que siempre nos falta algo para poder sentirnos plenos.
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